EPILOGO
Un viejo muro de piedra.
Cuando fue levantado hace más de 70 años, estaba destinado a ser la pared medianera de la casa nueva que ocuparía el tío Jesús. Esos eran los planes que tenían sus padres. Pero llegó la guerra, y los meses de zulo, los cambios de escondite, el paso por Portugal y luego la emigración forzosa a Buenos Aires.
Con el paso del tiempo y al cambiar las circunstancias hubo que comenzar de cero. El viejo muro se convirtió en apoyo para distintas dependencias. En la misma época en que la sobrina nieta de Jesús se licenciaba en Filosofía, y su hermano Anxo se convertía en ese chavalote rebosante de rizos y de horas de fútbol en el Chapela Juvenil, sobre el muro se adosaba un cobertizo con dos dependencias, que José y Victoria usaban para la cría de palomas y conejos, para guardar las gallinas y algunos aperos que solían usarse en el cuidado de unos cuantos metros cuadrados de viña situados al lado.
Mayo de 2002.
José ya no está. Ya nadie va a poder encargarse de la viña. Ya nadie va a poder ocupar aquel espacio que el llenaba. Una vez más las circunstancias obligan a cambiar y comenzar de cero… Las horas de nostalgia y ausencia sin remedio se transmutan en terapia de trabajo. Se arrancan todas las cepas menos una, se limpian todos los escombros, se cava la tierra y florecen bancales de huerto y jardín. El gallinero se levanta en otro lugar más salubre y se tira el cobertizo. El viejo muro vuelve a asomar a la luz.
Ahora pasan a hacerle compañía un emparrado de buganvilla y una mesa de jardín construida con recortes reciclados de otras obras caseras.
Durante un tiempo los sábados de primavera el rincón se animaba con las comidas familiares. Victoria viuda acompañada de sus hijos y sus nietos, siempre diligente trayendo todo de la casa a la mesa bien guardado en una tina cubierta con un paño, que los vecinos no tienen por que enterarse del menú ni de la vajilla.
Marzo de 2005.
Uxía se convierte en madre, y Victoria en abuela por tercera vez. Después de más de 50 formando parte del paisaje cotidiano de A Balbarda, Victoria se va a Santiago, a estar con su hija y su nieto Henok. A echar una mano, porque no entiende su vida si no es dedicando su tiempo a alguien.
Desde entonces A Balbarda 57 se convierte en segunda vivienda, lugar eventual para uno o dos fines de semana al mes. Y Anxo deja de ser aquel chavalote que dormía en la habitación del fondo, para convertirse en este otro señor de cara feliz, portero y jardinero, encargado fiel del cuidado de las gallinas y de la ventilación y mantenimiento de la casa.
En sus idas y venidas para de vez en cuando en la casa y el huerto de Gelita, cada vez más sola, sin José, sin Victoria cada día. Ahora también sin su hermano.
Mayo de 2008.
Cielo gris, incierto como el futuro sobre el viejo muro de piedra.
A Balbarda, ese intrincado callejón de barrio salpicado de huertos minifundistas que algunos habeis conocido, forma parte de ese polígono APR-15 del Plan Xeral de Ordenación Urbana. Para los tecnócratas, suelo urbano no consolidado que algún día habrá que arrasar, sanear y dar a comer a las inmobiliarias.
Quizás tiren la casa para hacer un edificio de siete alturas, y en el día de la demolición se vuelva a ver el perímetro del zulo detrás de la pared falsa de la bodeguilla.
Quizás tiren igualmente la medianera de la casa que no fue, del patio que ahora es.
Vendrán operarios extraños que sólo verán huertos iguales a otros huertos, casas viejas iguales a otras casas viejas. Demolerán desde la indiferencia, desde la rutina.
Un viejo muro de piedra en una foto, pero que para nosotros es ya más que un muro. Es la metáfora de tantas cosas…. La casa que se iba a levantar pero se quedó sólo en un muro, aquella universidad republicana llena de investigadores que luego se quedó vacía, aquella “Transición” de los que todos esperaban otra cosa y al final hasta aquí ha llegado, aquellos lazos que parecía eternos y al final hubo alguna fuerza que pudo más para desatarlos… Pero eso es sólo una cara de la moneda.
Porque bien mirado, es cierto que no está la casa, pero ahí está el muro. No están ya aquellos seres amados, pero su amor pervive. El Plan Xeral podrá arrasar este lugar, pero nunca cuanto hemos vivido en él.
Como decían esos versos que todos hemos recitado y cantado alguna vez:
“ Todo pasa y todo queda…”
Como el viejo muro de piedra.
FIN
diumenge, 25 de maig del 2008
Historia de A Balbarda 57
a les
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diumenge, 18 de maig del 2008
Historia de A Balbarda 57: Penúltima entrega
En el anterior capítulo nos encontramos a Victoria recién casada con José (el sobrino del tío Jesús), formando ya parte de A Balbarda.
En este episodio nos toca hablar de los años que siguieron: Los sesenta y los setenta…y aunque parezca un tópico subvencionado por la TVE1, hay que admitir que todo cuanto se pueda contar de esta época parecería plagiado de un episodio de “Cuéntame”:
Porque Victoria, al igual que la señora Alcántara, quiso en su momento montar una mercería en uno de los locales que la familia Millos tenía en alquiler. Pero en este caso José le dijo que para qué se iba a complicar la vida si ya tenía bastante trabajo en casa. Así que no hubo mercería, y el lugar conservó su categoría de tasca hasta el día de hoy.
Porque, igual que en la serie televisiva, José y Victoria fueron viendo como su niña, Uxía, iba pasando de ser aquella colegiala formal y asidua de la catequesis, a convertirse en una licenciada en filosofía, con un brillante currículum pero con unas ideas totalmente hippies, ateas, libertarias, dándoles sustos y disgustos con sus prácticas pioneras en vivir el amor sin papeles.
Porque aquí, como en la serie, había un Manolito Alcántara, sólo que de nombre Anxo, con su pandilla de amiguetes metidos en líos diversos propios de la edad: los castigos por andar a robar fruta en las huertas, la construcción de cabañas, las lesiones y esguinces tremendos durante los interminables partidos de fútbol, los simulacros de olimpiadas y las guerras entre pandillas rivales.
Porque también aquí había una entrañable anciana compartiendo espacio con la familia. No era la abuela, sino la tía Dolores, hermana del tío Jesús, ya muy mayor y aquejada progresivamente de demencia senil. Aunque a veces odiada por sus sobrinos por aquella manía que tenía de apagar la tele sin previo aviso, en lo mejor de la película, cuando aparecía un beso, y eso “los niños no lo podían ver”… Pero al mismo tiempo muy querida, por su alegría inocente, su sonrisa, la manera que tenía de pasar el tiempo haciendo sonar en sus manos una maraca sentada en su sofá, o regalando a quien quisiera oír poemas o coplas como aquella de : “ Que mala cara me pones, dime con quien te aconsejas. Algunas malas razones llegaron a tus orejas”…O aquella otra de: “Que bien te está el miriñaque adornadito de flores, ole morena, cuando lo pones”.
Y finalmente, porque también aquí no faltó en absoluto el trasfondo político. Trasfondo que a veces tomaba tintes costumbristas, como cada vez que la sufrida Victoria tenía que salir a buscar a José cuando se retrasaba con sus compadres en el bar. Porque siempre el ambiente se animaba con el puntito de unas “chiquitas” de vino país, y enseguida se pasaba de cantar ribeiranas y habaneras a gritar “¡¡Viva Stalin!!”… Y decididamente no estaban los tiempos para esas bromas y “aturuxos”.
Desgraciadamente ese trasfondo político también tomó sus tintes más crudos:
En agosto de 1975, Moncho Reboiras, vecino de este barrio de Teis donde está A Balbarda, sindicalista en los astilleros, militante de la UPG, cae abatido en un cerco policial sin precedentes en Ferrol. Un mes más tarde, el 27 de septiembre, Xosé Humberto Baena, licenciado en filosofía, activista del FRAP, vigués también, fue ejecutado por el régimen franquista, por un crimen que jamás se demostró que cometiera. Cayó él, y también Ángel Otaegui Echevarría, Ramón García Sanz, José Luis Bravo Solla y Juan Paredes Mano. 32 años después el Tribunal Constitucional dice que no tiene jurisdición para tratar causas anteriores a 1978, los Tribunales Europeos han contestado que sólo puede ocuparse de asuntos posteriores a la integración de España en Europa. La ley de Memoria Histórica se muestra insuficiente, y la hermana de Xose Humberto, “Piter” para quienes lo conocían más de cerca, duda que su caso sea resuelto en el Tribunal Internacional para los Derechos Humanos. Son cosas que la gentes de este barrio, de esta ciudad, y todas cuantas vivimos a un lado y otro de ese línea que cruza cerca de Zaragoza no deberíamos olvidar nunca.
(Continuará)
(Nota de traducción: un aturuxo es algo parecido a un irrintzi euskaldun).
a les
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dijous, 3 d’abril del 2008
HISTORIA DE A BALBARDA 57. 6ª ENTREGA. Una nova història de dones, avui. Publicada en homenatge a la Joset.
A la casa d'A Balbarda, número 57, ha arribat, de la mà de la Meiga, una altra dona. Algú que farà la competència a la Gelita pel que fa als sentiments de carinyo en què ens la presenta l'autora del text. Com es nota Meiga que ets una dona!
Victoria es diu. Li van posar aquest nom poc després d'haver començat una guerra que van guanyar els "dolens". Però suposo que això a ella li ha preocupat relativament poc. Devia saber, per la Gelita, com havien anat els anys de guerra en aquella casa. I segur que per a ella el més important no era el bandol de cada un.
L'Alicia diu que la Victoria es va afegir a les files de les dones tot terreny, dedicades les 24 hores del dia a donar el seu temps a tots menys a ella mateixa. Atenent el marit i intentant superar les gelosies de la millor manera possible...
Vides de dones dedicades a entendre i a acceptar, a claudicar, si calia, per amor, moltes vegades.
Vides de dones que malgrat tot somriuen i diuen, sentint-ho, que no s'arrepenteixen de res, que no tornarien enrere i que han estat felices a A Balbarda .... o a la Carretera de Montcada.
Publicar avui una part de la vida de la Victoria vull que sigui també un homenatge a la Joset. Una dona que sempre ha acceptat, que sempre ha estimat. Una dona que ha sabut vencer. Perquè independenment del que ha viscut i de com ho ha viscut, ha sabut, per damunt de qualsevol altre cosa, ser feliç.
Com tantes altres persones la Joset no ens deixarà mai del tot, potser no li vaig arribar a donar les gràcies per... Per moltíssims moments, per moltíssims consells. Per tantes converses transmetent optimisme. Però sé que ho sabia, sé que ho sap.
Em costa acceptar que no puc trucar-la per quedar en una data per la propera costellada.
Què pocs dies fa que parlava dels nostres morts! Avui la Joset s'ha afegit a la llista d'aquelles persones que encara que hagin mort sempre les tindrem molt vives.
Per tu, Joset, farem la nostra costellada, i segur que hi seràs.
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I ara ... el text de la Meiga que ens explica la vida d'una altra dona la:
Victoria
Victoria nació un día de agosto de 1936. Más exacto sería decir que “renació”, porque después de casi tres días de parto y mucho maniobrar con el fórceps, el médico comunicó a los miembros de la familia García allí presentes que había sido niña pero era una lástima porque venía muerta. El caso es que un hermano de su madre, en un golpe de decisión tomó a la recién en brazos, se la llevó al pozo del patio y le dio un buen baño en agua muy fría recién sacada. Y la piel de la pequeña Victorita pasó del morado inerte al rojo agitado por el llanto.
Desde luego no fue una manera fácil ni agradable de llegar. En realidad fue todo un aviso de lo que le esperaba por el camino. Y no es que la infancia de Victoria no fuese feliz. Al contrario, pues sus recuerdos de esa época son los de una madre que siempre tenía respuesta infalible para todo, los de una escuela donde se sentía en su elemento, los de unos regalos de Reyes que despertaban admiración, los de perder horas jugando con sus amigas entre los campos vacíos de casas y de fábricas. Es cierto que algunas de esas amigas sólo le hacían caso si llevaba trozos de pan en los bolsillos para todas (años crudos de posguerra y hambre). También es cierto que su abuela, matriarca donde las hubiera, la tenía bien sometida a su autoridad, como al resto de la familia. Toda una mujer de principios, que prefirió tener una nieta hija de soltera, pero bajo su techo, que tener a una parte de la familia en amancebamiento y sin pasar por el registro civil. Así andaba la escala de valores por aquel entonces.
Realmente para Victoria el problema no consistió en ser “hija natural” sino el hecho de ser mujer. A finales de la década de los cuarenta Victoria estaba a punto de acabar con notas excelentes su paso por sus adoradas “Escuelas Nieto”. Como mejor alumna de la promoción tenía opciones a hacerse con una beca para continuar los estudios, todo un sueño para Victoria. Pero no pudo ser, porque al final esa beca se la llevó un compañero, mucho más mediocre como estudiante. “Es que él va a tener que hacerse con unos estudios y un título para mantener a su familia el día de mañana y tú en realidad no lo necesitas porque ya te mantendrá tu marido” Exactamente esas fueron la buenas razones que cariñosamente le comunicaron al hablar de la decisión final de la junta directiva… Quizás su madre hubiese hecho algo de presión para que siguiese los estudios, pero como la que mandaba era la abuela, al final Victoria acabó haciendo lo que toda chica casadera de aquel entonces: Aprender un poco de corte y confección y trabajar en casa.
Es cierto que no
le quedaba demasiado tiempo libre, pero el que tenía lo aprovechaba como todas las demás: Paseando por la calle del Príncipe, yendo al cine y a algún que otro baile los domingos por la tarde.
Ya a mediados de los cincuenta, un domingo cualquiera en el baile de La Palmera sucedió que se le acercó un señor. Quería sacarla a bailar, con mucho desparpajo. Su primera reacción de chica decente y formal fue decirle que se fuese a junto de su señora.- “Pero si soy soltero” le dijo él.- “¿Y que años tiene entonces” repuso ella.- “Veintiocho” fue la respuesta final. Así fue cómo José Millos acabó encontrando a la chica formal que le hiciese sentar la cabeza y cómo Victoria acabó cediendo ante la labia y jovialidad de “aquel señor” insistente e irresistible.
Tras unnoviazgo casi relámpago, llegó la boda, y una luna de miel donde José no dejó de sorprenderla: Por su habilidad de gentleman para pelar plátanos con cuchillo y tenedor, y por su sentida y tierna confesión de que en realidad tenía 33 años , pero que no se había atrevido a decírselo de solteros, por temor a que ella se echase atrás y lo dejase.
“Solteiriña non te cases, no deixe-la boa vida, que eu ben sei dunha casada que chora de arrepentida”… Más o menos es lo que dice el refrán de una copla de aquí, que será muy parecida a otras coplas de otros lugares.
El caso es que Victoria, con sus 20 años casi recién estrenados, entró a engrosar las filas de esas mujeres todo terreno, entregadas 24 horas al día a dar su tiempo a todos menos a ella misma: Atendiendo a su marido, capeando los celos y las intromisiones de la tía Dolores que seguía empeñada en cuidar de su “Josesiño” a su manera, ayudando las labores de la matanza de cerdo del negocio familiar, haciéndose cargo del cuidado de sus suegra afectada de demencia senil, educando a sus dos hijos.
Una vida de muchísimo trabajo y dedicación, de tolerar muchas situaciones y adaptarse a muchas personas, más de lo que otras mujeres de otras generaciones estaríamos dispuestas a tomar entre manos. Pero si hoy le preguntáis, os contestará que ha sido feliz y que no se arrepiente para nada de ninguno de los años vividos en A Balbarda 57.
a les
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divendres, 14 de març del 2008
Historia de A Balbarda 57, quinta entrega : JOSÉ
Hay comarcas de Galicia, más al norte y al interior, en que la tradición se parece a la del “hereu” de Catalunya: El hijo varón de más edad (conocido como “o mellorado”) hereda la casa y la mayor parte de las tierras, quedándole al resto de hermanos y hermanas lo mínimo que marca la ley.
Sin embargo en el sur, como es el caso de la ría de Arosa, Pontevedra o Vigo, la casa siempre la hereda la hija menor. Es como si estuviese asumido en el subconsciente colectivo que las hijas van a cuidar mejor de los padres ancianos que lo que podrían hacerlo las nueras.
Algo parecido sucedió con la casa de A Balbarda 57: Entre los años 40 y 50 los hijos varones de la familia Millos fueron emigrando a Argentina y Uruguay, aunque no todos por motivos claramente políticos, como Jesús. Mientras, las que quedaron más vinculadas a la casa y a sus padres fueron las hermanas: Rosa y Dolores.
Cuando Dolores se casó, en principio se fue a vivir con su marido a un piso en la calle principal del barrio. Su hermana Rosa, su marido José, y sus hijos pequeños ocupaban una pequeña vivienda adosada a la casa paterna.
Rosa y José tuvieron 3 hijos. José Constante fue el nombre con el que bautizaron al primogénito en 1924. Unos 5 años después nació María Soledad, y poco después el hermano más pequeño, que murió antes de cumplir los tres años.
José Rivas Millos tenía menos de 13 años cuando estalló la guerra en 1936. Fueron años duros para todos, pero para él fue el momento de estrenar pantalones largos, de empezar a ir a los bailes y ser el amo. En parte porque los jóvenes que podrían robarle las chicas estaban todos en filas, y también porque algo de rompecorazones había heredado del tío Jesús.
Como su familia podía permitírselo, le pagaban estudios, primero en una academia y luego con un profesor particular. Relatar las muchas maneras en que José hacía novillos de su vida de estudiante llevaría varias entregas aparte. Sólo diremos que finalmente abandonó, y a los 18 hizo el servicio militar por la Marina.
A José en esa época también le tocó jugarse la piel por el tío Jesús. Era el momento en que ya se había trasladado del zulo y había que hacerle llegar los víveres al escondite del monte, compartiendo tarea con Gelita. Un gran riesgo, porque si era sorprendido como recluta ayudando a un fugado republicano, el consejo de guerra era seguro. Pero la familia era la familia.
El pasar por los mismos peligros, y el tiempo compartido en casa de los abuelos hicieron que Gelita y José se tuviesen auténtico aprecio de hermanos.
Los años iban pasando. José acabó el servicio militar. El tío Jesús se marchó a Argentina, y también durante un tiempo los padres y la hermana de José.
Un día José decidió probar fortuna en las Américas como el resto de la familia.
Llegó a pasar unos 5 años en Buenos Aires, hasta se echó novia y todo. Pero él mismo se daba cuenta de que vivía demasiado bien. Se había convertido en un experto bailarín de tangos, era feliz pero sin un peso ahorrado en el bolsillo: “Para no amasar más capital mejor me vuelvo a Vigo”, pensó. Y así lo hizo.
De vuelta a allí, pasó a ejercer de hijo único, predilecto y mimado, con la tía Dolores y su marido.
En esa época comenzó a trabajar de tornero fresador en una fábrica de envases, con gran habilidad e incluso haciendo diseños propios para mejorar las máquinas. Su tío Segundo (el único hermano de su madre que se quedó en Vigo) siempre lamentó que ese sobrino no hubiese acabado los estudios, pues seguro que hubiese llegado a perito o ingeniero.
Pero José nunca lamentó nada, siempre fue un espíritu libre, cosa que también le debió quedar del tío Jesús, junto con ese amor por la vida bohemia y un cierto poso, más sentimental que político, de republicano de izquierdas.
Pero la mezcla de genes ( o de hábitos adquiridos) que uno hereda de la generación anterior es muy variada. Así que aunque era cierto su amor por la vida la vida bohemia, llegó un momento en que cayó en la cuenta de que pronto cumpliría los 33. En ese punto, cierta parte del espíritu práctico heredado del abuelo Eugenio le hizo pensar que ya era hora de sentar la cabeza.
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Notas sobre las fotos:
Los que aparecen en la del matrimonio son José Rivas y Rosa Millos, hermana de Jesús y madre de José.
La de los dos niños con disfraz es un retrato de estudio de José con su hermana Maruja (o María Soledad en su pasaporte), a principios de los 30
La otra es un retrato de José en su época de recluta de la Marina, a principios de los 40
Y la última es una auténtica juerga porteña en la época de Buenos Aires, en los años 50. El señor de bigote de la izquierda de todo es el tío Jesús. José es el que está en el medio gesticulando o cantando mientras pone sus manos sobre los hombros del que bebe de la botella.
a les
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divendres, 29 de febrer del 2008
Historia de A Balbarda 57: 4ª entrega
En estos días de precampaña nos saturan los tópicos, y no quisiera que este relato añadiese ninguno más. Pero hay cosas que sencillamente no se pueden negar, que forman parte de nuestro universo físico, como la sucesión regular de equinoccios y solsticios.
Una de esas verdades es que la negación del amor no es el odio, sino la indiferencia y el olvido.
Es difícil, casi imposible, decir cual fue la historia real y completa de Gelita y el Tío Jesús. Una mezcla imprecisa de dominio, celos, quizás amor no confesado, también mucho odio. Pero jamás indiferencia.
No queda claro cuantas escenas de acoso o celos acontecieron antes de la fatídica discusión en el zulo, ni del número de veces que Gelita tuvo que renunciar a ir al cine o a dar una vuelta con un pretendiente cualquiera porque Jesús la llamaba aparte y le montaba una escena plena de gestos y amenazas.
Lo que sí se hizo patente a partir de entonces fue un constante resentimiento de Jesús hacia Gelita. Cualquier conversación o encuentro daba pie a insultos o descalificaciones: Si sabía que había estado hablando o bromeando con un vecino, en seguida dejaba claro a quien quisiera oir que Gelita era una cualquiera que se iba con todos. Si ella se retrasaba o fallaba por alguna razón en algún encargo, no dejaba de recordale a ella y a los demás presentes lo torpe que era.
Y en medio de todo ello, Gelita tenía que seguir ocupándose de Jesús por encargo de sus amos.
La posguerra iba avanzando. Abandonado el zulo por falta de seguridad, Jesús tuvo que refugiarse en otros lugares de confianza. Hubo una temporada en que el escondite quedaba en dirección a los montes del interior, y Gelita tenía que hacerse pasar por viuda de luto, deambular por caminos y senderos, y dejar el día y hora convenidos el lote de comida para Jesús en un escondite en un pinar propiedad de la familia. Todo eso esquivando la vigilancia de los militares y la Guardia Civil.
Los padres de Jesús (Señá Gelita y Eugenio) y su hermana Dolores, ya casada pero sin hijos, se gastaron una buena fortuna en pagar sobornos a autoridades, y en compensar económicamente a quienes corrían el riesgo de darle refugio.
Uno de los últimos lugares donde estuvo escondido Jesús estaba a cierta distancia de Vigo, muy cerca de Bayona, y había que hacer el trayecto en tranvía. A Gelita le tocaba hacer las visitas periódicas con provisiones. Alguna vez se le hizo de noche y tuvo que buscar pensión, sola, mujer, en un mundo un tanto revuelto aún. Era una sensación de riesgo constante sumada a la hostilidad de Jesús. Por si eso todo ello no fuese bastante, fue también Gelita la que se tuvo que ocupar de acudir a un médico cuando apareció embarazada una de las hijas de quien acogía a Jesús en ese momento, fue ella la que tuvo que hacer labores diplomáticas para que no se enterasen ni los padres de la joven ni los padres de Jesús, la que acompañó a la chica al local donde le practicaron el aborto y la que se ocupó de su convalecencia.
Tiempo después Jesús huyó a Portugal, y Gelita respiraba contenta pensando que ya no lo vería más. Pero regresó malherido de bala en un hombro. Gelita quiso negarse esa vez, pero sus amos se lo pidieron por favor, y al final no tuvo más remedio que atender a Jesús en el hospital. Fueron largos días de escaldarse las manos haciendo las curas con agua caliente, ante las miradas de los asistentes sanitarios que tenían su ánimo dividido entre sus simpatías hacia ella, y su rechazo a ese paciente que la trataba tan mal.
Cuando por fin se curó el hombro de Jesús, la familia decidió que la mejor solución era que se fuese a Argentina, a reunirse con sus hermanos mayores que ya hacia tiempo que estaban instalados. Todo el temor de Jesús era no poder pasar la inspección médica por las secuelas de la herida de bala, y no tener visado para marchar. “Pero puedes ir a la modista a que te haga una guata a medida, te la pones por debajo de la chaqueta y ya se te ven los dos hombros iguales y ya no notarán nada”… Era tal el ansia de Gelita de perder a Jesús de vista con todo un océano de por medio que no dudó en darle esa idea para que por fín pudiese embarcar.
Y así lo hizo Jesús, y finalmente, alrededor del año 1949, le llegó el día de zarpar rumbo a América. Gelita le rogó a Dios y al Santo Cristo de la Victoria con todo su fervor que aquel demonio que tanto mal le había hecho nunca más volviese a cruzar en barco por las Cíes de vuelta a Vigo. Y efectivamente sus plegarias fueron escuchadas, porque cuando Jesús volvió para hacer una visita a sus hermanas a finales de los 50, lo hizo en avión.
(Continuará)
a les
9:28
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dilluns, 18 de febrer del 2008
“Historia de A Balbarda 57”. 3ª entrega: GELITA
A l'any quaranta,
quan el Raimon va nàixer,
encara no havien mort tots.
A l'any quaranta,
quan el Raimon va nàixer,
jo crec que tots, tots havíem perdut.
L'any 36 els rebels feixistes van aconseguir acabar amb moltes coses, entre d'altres, amb moltes vides. En aquella guerra alguns van morir, altres van perdre les persones més properes.
No tots havien mort l'any quaranta, quan va nàixer el Raimon. Alguns van salvar la pell, però per fer-ho van haver de passar per situacions terribles, exilis, camps de concentració, presons ... i zulos. Com ha de ser la vida dins d'un zulo? amagat en un espai de pocs metres quadrats, fent les necessitats en un orinal, i sense saber en quin moment poden arribar per afusellar-te. Amb això no vull justificar res ni ningú, ni molt menys el fet que sigui sempre el més dèbil el qui acabi rebent. Pobra Gelita, jove, criada, dona ... sort que no era, a més, negre i lesbiana.
Bé aquesta és la Gelita anys desprès, pocs, dels fets que la Meiga ens relata a:
Historia de A Balbarda 57 (Tercera entrega)
Ángela Montenegro, Gelita para los amigos y allegados, nació en 1919. Recuerda pocas cosas de su infancia: la corta vida de uno de sus hermanos pequeños; un abuelo que la tomaba en brazos y la subía a un tren, o aun tranvía y le decía “A ver neniña, berra forte ¡Viva la República!”; el no haber podido ir a la escuela por ser la mayor y tener que ayudar en casa.
Y es normal que recuerde pocas cosas porque su infancia se acabó muy pronto: a los 11 años. Fue entonces cuando entró a trabajar como criada y jornalera en la casa de A Balbarda 57, para servir a Eugenio Millos y su esposa Gelita (señora Gelita o tía Gelita, como la llama aún ahora después de tantos años). No es que se tratase de una casa señorial, pero la familia tenía unos cuantos campos en el barrio y se dedicaban a la cría de cerdos. Así que la situación era acomodada, y daba para mantener a seis hijos y tener a cargo varios criados.
Una de las primeras ocupaciones de Gelita fue espantar los pájaros en los campos para proteger los sembrados. A medida que fue creciendo ya le tocó de hacer otro tipo de labores femeninas, como cavar y cosechar, ir al río a lavar las tripas para hacer chorizos y otra larga lista de tareas.
Al comenzar la Guerra Civil, Gelita tenía 17 años, “eu era aínda unha raparigha”, suele decir ella. A partir de ese momento tuvo que hacerse cargo de otra serie de cometidos, que acabó haciendo siempre por lealtad a sus amos, pero que hubiese preferido rehusar.
Uno de esos cometidos era retirar los orinales y dar la comida a los refugiados del zulo: el tío Jesús, y Manuel, otro vecino y camarada republicano. La tarea se hacía por un pequeño agujero abierto desde el interior de “la bodeguilla”.
Un día, temprano por la mañana, llegaron de ronda los de la Guardia Civil. Quizás hubo algo de chivatazo, o lo sospechaban sin más. No descubrieron nada porque estaba todo camuflado, y porque Gelita se mantuvo invisible y al margen. Eso sí, al borde del desmayo, porque en el momento de llegar la ronda, ella aún llevaba envueltos en el mandil todos los enseres del zulo para lavar. No faltó nada para que todo se descubriese. Y podía haber tenido consecuencias terribles. Porque si el escondido era un hijo, las autoridades solían hacer la vista gorda aunque hubiese detenciones. Pero si se escondía a un extraño, como en este caso, se consideraba alta traición, y era práctica habitual quemar la casa, incluso hubo casos en que se hizo con los dueños dentro.
Ante la gravedad de la situación los padres de Jesús mandaron a Gelita a ponerse en contacto con la familia del otro refugiado para que le buscasen otro lugar. La respuesta de la esposa de Manuel fue que ella no quería arriesgar la vida de sus padres mandando allí a su marido.
Así que Gelita, en su nueva visita al tragaluz del zulo dio el recado que había recibido.
La situación se volvió dramática. El tío Jesús enloqueció de ira y empezó a discutir y a pelear casi a muerte con Manuel, en lo que permitían aquellos escasísimos metros cuadrados. Gelita lo escuchaba todo desde la bodeguilla. “¡Así que no quieres poner en peligro a tus suegro y tengo yo que arriesgar la vida de mis padres!.”. Gelita temió que aquello acabase mal y sin remedio. Porque para salir del zulo solo podían hacerlo desde dentro ayudándose del sistema de atrancado. Era imposible asistir y sacar a un herido desde afuera. Aquello podía ser la muerte para los dos.
La única solución que se le ocurrió a Gelita fue decirles que se calmaran, que nadie había dicho nada en la familia de Manuel, que simplemente fue una broma que se le ocurrió a ella pero que no pensó que se iban a poner así.
Efectivamente la pelea cesó, pero en la primera ocasión que tuvo Jesús de tener a mano a Gelita, no dudó en abofetearla con saña y arrojarle a la cara la tapa del mechero de alcohol que usaban para el aseo personal.
(Continuará...)
a les
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dimecres, 13 de febrer del 2008
Historia de “A Balbarda nº 57”. Capítulo 2.
Avui ho tinc fàcil. He obert el correu i he començat a llegir, abans de publicar. El text m'ha començat a entrar d'una manera... En fi, millor callo jo. No us vull fer perdre més temps. No us perdeu el segon capítol de:
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Historia de “A Balbarda nº 57"
En la primera entrega hacía alusión a esa Galicia Republicana, invisible por poco comentada y recordada. Ahora que comienzo la segunda entrega lo primero que surge en mi mente es la cuestión de qué es o qué fue ser republicano o republicana en aquel momento.
Se podía ser republicano al estilo heroico de Alexandre Bóveda, fundador del Partido Galeguista, uno de los padres del primer Estatuto de Autonomía, que en la noche antes de ser fusilado en agosto del 36 aún tuvo la serenidad de escribir una carta a su hermano invitándolo al perdón en medio de tanta locura (podeis leerla en Vieiros: Galiza Hoxe - Carta de despedida de Alexandre Bóveda ) También se podía ser republicana al estilo de Victoria García, una jovencita trabajadora de la conserva sin unas ideas partidistas o sindicales muy definidas, pero sin pelos en la lengua a la hora de defender su salario y organizar piquetes, o cantarle coplas con música de la Marsellesa a las esquirolas de la fábrica Curbera. Y si había que acabar algún piquete lanzado los zuecos por el aire a las adversarias y escapar a la carrera de la Guardia de Asalto, pues se hacía y punto. Hoy a sus 96 años lo recuerda con cierto espíritu romántico pero no sabría decir si votó por el Frente Popular o por Azaña .
Incluso se podría ser o no ser, al más puro estilo gallego, como Joaquín López Busto, trabajador en su carpintería y funeraria, sacando adelante a su familia (y dicen que también a alguna querida). Se dedicaba a lo suyo y no manifestaba ideas para no meterse en líos. Y en su casa tenían techo y pan varios hermanos: uno que no pudo cumplir su deseo de ir voluntario a la guerra con los nacionales por minusvalía en una pierna, y otro que guardaba con cierto esmero propaganda miliciana (que algunos habeis visto en directo). Y en cualquier caso todos ellos sabían recitar aquello de : "Con Azaña había pan en toda España, e agora con Franco un pouquiño negro un pouquiño branco"
Y en medio de todo esto ¿Qué clase de republicano era el tío Jesús?. Creo que en este momento no estoy documentada con el suficiente rigor para contestar fielmente. Lo mío más que una crónica histórica fiable, va a ser una evocación desde lo emocional. "Traduttore tradittore" dice el refrán. Igual que en el juego infantil, la frase susurrada de un oído a otro va perdiendo y va ganando por el camino, y cuando llega a término ya es otra cosa, fruto de lo que cada cual fue supliendo con su imaginación. Así que a falta de una crónica cierta al cien por cien, os tendreis que conformar con esa "otra cosa" de la que soy heredera al final de esta cadena.
Aclarado el contexto, os diré que el tío Jesús probablemente tuvo carné de partido, suponemos que del Comunista del lado oficial del Gobierno, y con alguna vinculación con el ejército Republicano, razón por la que anduvo fugado. Pero si hubiese que calificar su estilo republicano, la palabra sería sin duda "sincretista". Porque esa supuesta militancia de izquierdas no le impidió ejercer después de millonario hombre de negocios en su exilio argentino. Ni tampoco le supuso ninguna traba para ser un auténtico "Casanova" ni antes ni después, ni en este ni en el otro lado del charco.
Desconocemos detalles de su vida sentimental antes de la guerra. Pero sí tenemos noticias de que durante su periodo de "escondido" tuvo distintas amantes, "un amor en cada zulo", igual que los marineros en cada puerto. Hijas de las familias que lo escondían. En una ocasión hasta dos hermanas al mismo tiempo, y algún embarazo no deseado al que hubo que buscar salida.
Todo un personaje que vivió sin duda "a su manera" como en la canción. Y pudo contarlo porque tuvo gente a su lado que se jugó la piel para mantenerlo a salvo de los nacionales. Una de esas personas fue Angela Montenegro, Gelita para los amigos. Pero eso ya quedará para la tercera entrega…
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Ep! Genial, no trobeu? Això promet, quan la tinguem tota buscarem alguna manera de publicar-la junta. Encara ens la comprarà alguna editorial. Sense conyes. Preciosa Alicia, escrita des del sentiment, a partir del boca a boca dels protagonistes ....
a les
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dilluns, 21 de gener del 2008
Construïm
Ahir a aquesta hora, una mica abans, deia que el Pep devia estar dormim. Dormin! Si, si, de farra el molt .... (en els punts suspensius que cadascun hi posi el que cregui més convenient). Va, ara que si que deu dormir el podem insultar una mica. Quina història ens portarà demà?
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I, mentre, els altres (les altres millor dit) ens dediquem a construir. Les histories sobre les cases comencen a donar de sí, força. Ja li estic donant voltes a la possibilitat d'editar (virtualment de moment) un àlbum amb fotografies de cases i les seves histories al costat.
Encara estem degustant el primer capítol de la pastanaga i sembla que la Pepa ja té el segon preparat, ah però avui encara no, ens haurem d'esperar a demà.
Avui una història que comença així: Fai 70 anos no camiño dá Balbarda, número 57 .......,,
VA PER A TOTS :
Historia de A Balbarda 57
Autora: Meiga
Haciendo una version de una cancion que cantaba un tal Benedicto en los años setenta, cuando los cantautores eran fruto habitual, comenzaré diciendo que:
'No meu barrio hai unha rúanesa rúa
hai unha casanesa casa
pasaron cousas....'
...Cosas que hacen que la casa nos cuente su propia historia, que no es sólo la suya, sino la de todo un colectivo , como si fuese una 'novela río', una saga o una hemeroteca. Y nos lo va contando en retrospectiva: Lo primero que se ve es que no hace mucho han restaurado las paredes antiguas de piedra, en un intento de devolver al lugar sus raíces y su identidad perdida. Pero igual que un niño herido por las minas no pude ocultar su pie ausente y sus muletas, esta casa del Camiño da Balbarda, número 57, no puede ocultar el tajazo que supuso el arreglo de los años 60... Aires nuevos, dinero nuevo, ganas de salir adelante, los seiscientos por las calles aún de adoquines. Al mismo tiempo que la ciudad que se deshacía poco a poco de sus tranvías porque eran un lastre del pasado, y con ello se perdía parte de su alma, los habitantes de esta casa querían ser gente moderna, que tuviesen habitaciones separadas para los niños y un cuarto de estar... Pero entonces no había los diseños que hay ahora para aprovechar espacios abuhardillados bajo los tejados, ni a nadie se le ocurría lo prácticas que podían ser las escaleras de caracol en esos casos. Así que ahí se quedó plantado el añadido en la fachada sur, un cajoncillo pintado de blanco con tejado de uralita sobre unos pilares de hormigón.
Y para hacer ese añadido hubo que demoler el hórreo, tapiar el pozo... Como si despues de todo, en la filosofía colectiva estuviese asumido que sólo se puede progresar a base de vender el alma... Ni siquiera nos queda el falso consuelo de pensar que esas cosas sólo pasaron aquí, o que sólo acontecieron en el pasado. Nos ataca todavía un cáncer de cemento por demasiados frentes. Pero a pesar de las heridas, la casa aun sigue viva, y nos sigue hablando:En las paredes de la parte baja hay dos puertas, que llevan a la bodega y a la bodeguilla. Y si uno se molesta en medir las dimensiones por fuera y por dentro, y aún despues de descontar el grosor de los muros de piedra, resulta que las cuentas no cuadran: La bodeguilla tiene más longitud por fuera que por dentro...
Un día se me ocurrió comentar en voz alta esta observación, y un coro de voces me contestaron:"Ah, ¿pero no lo sabes?: Ahí hay un zulo que hoy está tapiado de todo, pero hace 70 años sirvió para refugiar al tío Jesús y a otro vecino, para poder escapar de los paseos de los falangistas".
A veces sólo nos quedamos con la historia que nos cuentan. Y quizás aún no se ha hablado lo suficiente de toda la Galicia Republicana que un día existió, esa que en pocos meses fueron quemando en esos 'libros que arden mal' de Manuel Rivas, esa que fueron fusilando rápidamente , esa que no le quedó otra que escapar a América vía Portugal, o que esconderse, o que echarse al monte con Foucellas años despues. Como cierre de este capítulo primero , os queda una foto, de las más antiguas del archivo familiar: En el centro Gelita, la madre de Jesús, a la izquierda su hermana Rosa (abuela de Anxo) y a la derecha su hermana Dolores. No sabemos la fecha exacta en que fué tomada. Creemos que antes de la guerra, porque Rosa y Dolores aún eran unas jovencitas solteras en casa de sus padres.
Continuará...
a les
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